sábado, 4 de febrero de 2012

Ein natur mensch

Capitulo 1: La tarde

Un par de monedas en mi bolsillo, sudor en mis manos y hambre donde debería estar mi estómago. Las manos ardientes, el sexo dormido y el corazón transpirando agotado, por una frente quemada a más no poder.

Mis pies con mente propia dirigiendo sus pasos hacia el bar, donde seguramente están los demás jornaleros. En el camino me encuentro con Harald y Ulf que van al teatro, en algún momento se convierte en vamos al teatro, con una pequeña bota de vino y un queso fresco.

“Theater an der Wien” me dicen. Lo mejor para una noche aburrida me reclaman. Cuando me siento en la banca y el bullicio me envuelve, observo mis manos quebradas por el azadón y pienso en mi pobre mujer esperándome. Yo sólo quería una cerveza y unas risas para llevar a casa.

Capitulo 2: El atardecer

¿Qué es este tugurio al que me han traído? Un techo absurdamente alto, bancas por doquier y la gente a rededor mío hablando como una chiquillada. Las paredes pintadas con colores vivos y otros escondidos en sus ventanas de muro. Así debe sentirse dios o el rey, siempre arriba divirtiéndose, manteniendo su pueblo contento con las guerras que organiza ¡haber si la corona pesa menos sentándose donde pega el sol!. Mejor morderse el labio y evitarse terminar en el calabozo o en algo peor.

Pronto un desfile de horribles artefactos se presentan por mi frente: tubos retorcidos, cajas con lienzas hacia sus extremos, palos huecos llenos de clavos. Invoco la cruz en mi pecho y lamento haber llegado a tan extraño habitáculo.

Cojo mis cosas e intento largarme. Mis compañeros intentan calmarme y me dicen que disfrute el espectáculo, pero no hay nada que quiera saber de esta extraña caverna, quiero mi casa y dormir para olvidar este confuso sitio. Me levanto decidido y un estruendo me corta el paso emergiendo de un agujero más adelante… luego otro y un tercero. Las diabólicas entrañas me hacen desistir y espero que todo salga bien.   

Capitulo 3: La noche

La obra comienza y el estruendo se convierte en música. La Flauta Mágica me dicen ellos que se llama cuando me señalan un papel que no sé leer. Todo es tan bello y suave, todo es tan cierto que parece mentira ¿acaso no seré yo un hombre pájaro? Y yo que me facinaba con el canto de las aves de madrugada, con el sonar de las campanas o el canto del coro de la iglesia. Si la tierra que labro diera letras, si la fuerza con la que cosecho fuese pluma, entonces la palabra que busco seguro describiría lo que esto significa para mi vida.

¿Ya se acaba? ¿y el pobre Papageno? Ahhh… su Papagena por fin aparece. Que hermoso resultó todo al final ¿aplauden? ¡os digo que aplaudáis más fuerte! ¡hurra! ¡viva! Harald y Ulf se ríen de mí, mi alegría también se ríe de ellos.

Capitulo 4: El amanecer

La ciudad se hace pequeña mientras recorro su pequeña extensión con la cabeza ebria de felicidad. Avanzo a mi casa y entro llamando a Papagena, ¡weibchen!. Mi pobre mujer salta de miedo al verme tan extraño, la cojo por los hombros y le cuento lo que me ha sucedido: la música, los colores, la historia, todo. Me mira como un loco, como un demente alegre, coge mis labios y me besa con ternura “has encontrado una maravilla para ti, me alegro por ti”.

La desnudo lentamente y mis manos recorren su espalda en fugaces movimientos, la abrazo con el estruendo de mi cabeza. Mi cuerpo se amolda a los primeros sonidos de la obra, la penetro tres veces, una más fuerte que la anterior y luego me salgo. Nos abrazamos en un beso coordinado por la orquesta que repercute en el ritmo de mis entrañas, un baile de lenguas que pronto vuelve a llamar tres veces en fieras estocadas. Con el aliento en su cuello termino en su interior justo cuando la cortina abre para la función.

Recostados llevo mi cabeza a su pecho. Sabe que pronto he de partir de vuelta al campo, pero que este descanso hará que mi mente se refresque como si mil horas hubiesen pasado. Entre sus senos escucho a los tres genios guiándome hacia Morfeo. Su corazón también es parte de mi música y la noche aplaude hasta el amanecer.

Capitulo 5: La mañana

La jornada se hace larga esperando terminar con todo lo previsto. Cojo todo y corro hacia aquel teatro divino. Veo que está cerrado, en mí se siente que algo no anda bien. Pregunto al encargado más cercano acerca de cuando se podrá ver de nuevo la Flauta Mágica, me dice que no sabe, que el maestro Mozart ha muerto.

Me voy despacio hacia el bar, cojo una cerveza y un mendrugo de pan. Descanso sobre mi desilusión y veo como la tarde transita frente mío mientras tarareo las escurridizas melodías de lo que una vez fue mi mayor alegría. Me levanto y encamino hacia casa para contarle las malas nuevas a mi señora.

En medio de la luz de un farol se dibuja la figura de un ave proyectada del tamaño de un hombre, al girarme veo un cuervo y aprovecho el impulso para preguntarle ¿y quién mierda es ese Mozart que me ha dejado sin mi música?.

Fin

miércoles, 5 de octubre de 2011

Cuando Weasley se enamoró de Granger

Capítulo 1: Un dulce despertar

No son muchos los que pueden despertarse en un castillo, menos los que pueden despertarse en un castillo-escuela y muchos menos los que lo hacen por gusto. Weasley se las sabía por libro, eso de despertarse con un frío que helaba hasta los recuerdos de la mañana anterior, igual de fría.

Se intentaba despertar un poco sacándose la escarcha de la nariz y comprobando que durante la noche no hubiera perdido algún dedo por la congelación. Sin perder el tiempo también se tocaba el pene. Un calorcillo interno se prendía en él rápidamente, pensando en Iliana Macgrown, o sea pensando en los senos de Iliana. En ese preciso momento supo irremediablemente que estaba enamorado de la señorita Granger.

Un poco turbado y con el miembro muy perturbado, reflexionó en la ducha. Desde que conocía a su compañera Griffindor no había oportunidad en la que su mente no estuviera pensando en desnudarla y hacerle cosas que, vistas por los serios ojos de un mago adulto y muy pervertido, serían bastante divertidas. Se preguntaba por ejemplo, sobre cuántas piezas del ajedrez mágico “aguantaría” la sección privada de su amiga o si se enojaría si se quitara la capa de invisibilidad cuando ella se estuviera cambiando, como siempre la espiaba, a veces suponía que en una de esas le daba lo mismo.

Pero era difícil saber todo eso en la pequeña distancia entre la cama y la ducha, le tomó un par de desayunos asumirlo… y las clases de pociones… y una explosión en dicha clase… y un pelotazo mientras practicaba futbol con Harry, que vale decir que era futbol mágico, como el Quidditch pero sin escobas, ni pelotas raras, ni gente volando. Muchos dicen que es futbol normal, muchos que no siguen con nosotros culpados por herejía.

Capítulo 2: Consejos


Al final Ron tuvo que admitirlo, antes que destruyera y mutilara a todo el colegio. Le pidió consejo a Harry, que siendo el protagonista debía saber mucho sobre amor: “Ron, ¿es que no lo ves? ¡Hermione es un Horrocrux y debe ser destruido! Mira, aquí tengo una estaca, voy por unas cabezas de ajo y luego…”. Ron lo tranquilizó diciéndole que su amada no era tal y que no debería decir cosas sin sentido.

Sin mucho apoyo de su amigo, que últimamente se dedicaba a intentar clavar a la gente, lo que a muchos profesores empezaba a molestar, decidió ir a hablar con Dumbledore, de quien decían que era un amante sin igual.

Cuando entras a una habitación, esperas que ésta refleje ciertos aspectos de la personalidad y gustos de la persona. Dumbledore, quien se rodeaba de cabezas de animales, de personas disecadas y libros polvorientos, daba señal de ser un honorable hombre de estudios vertido a la enseñanza. Nada más lejos de la verdad. “Ron, cuando ella no te vea, pues le metes esta poción en la vagina y todo resuelto, quedará como una lechona en celo, ¡palabra! ¿Que cómo lo lograrás? Pues le preguntas, “disculpa preciosura, ¿te molestaría que te encajara esta garrafa de 5 litros bajo tu falda, es por tu bien.”

Ron se alejó para pensar, en realidad escapó del castillo muy asustado cuando Dumbledore le ofreció una demostración de “cómo debe encajarse”. Al llegar a los linderos del bosque se topó con su gran amigo, pues vaya si era grande, Hagrid. Como era usual, se encontraba destripando algo, que en algún momento fue algo feliz que saltó y jugó por las praderas, hoy era un enredo de tripas y cortes. Muchos se preguntaban por qué lo que cazaba Hagrid usaba anillos o llevaba zapatos, pero se lo preguntaban en voz muy pero muy baja y obviamente no cerca de él, digamos por seguridad.

“Maese Weasley, muchos hemos recorrido la senda que usted surca, mas no desesperéis en el intento. Recordad las grandes tragedias del amor y siéntase libre de hacer y deshacer a gusto. Las más recatadas son sólo caprichos para la lujuria, pero si no es eso lo que su alma anhela entonces ha de pagar el precio de semejante durazno”. Ron lo escuchó con la boca abierta, hasta que los mosquitos se hartaron de revolotear por sus amígdalas, tardó un buen rato en procesar todo esto, otros dirían que tardó algo así como 6 días, pero no yo… me cae bien Ron.

Capítulo 3: Manos a la obra


Se había decidido a conquistar a su amada. Primero decidió intentar a través de la magia, lo que no era una gran idea. Si hubiese meditado que dentro de su promoción Ron no era el más brillante y que la chica, que sí sabía bastante, poseía amuletos y contra hechizos hasta en los calzones, seguramente no lo hubiera intentado. Pero ese no sería nuestro Ron ¿no?   

Cuando intentó el hechizo del Ámame-con-dulzurius, la varita le explotó en la cara. Luego, casi incendió el comedor intentando hacer que le diera un beso con el Bésame-con-dulzurius y ni hablar la cara que pusieron todos cuando invocó a cierta escritora con el Guiñame-con dulzurius.

Se sentía inútil, a lo que se sentó a tomarse un cafecito cerca del fuego, mientras las suaves llamas del “Manual de hechizos de amor de Archivaldo Dulzurius” le calentaban las patitas y el culito.

Justo entonces la chica de sus sueños entró y se sentó cerca de él.

Hablo de Hermione por si acaso.

Y pasó en verdad, no es que se lo haya inventado o lo haya soñado por accidente, pues si fuese así hubiera escrito “y entró la pelirroja, completamente desnuda con su pelo meciéndose al viento envuelta en una orgásmica aura. Lo tomó por los pantalones y le pidió que la dejara montar su escoba a ver si la hacía volar”. Vale decir que ya él lo había soñado, pero no en ese momento. De hecho lo pensó 5 segundos después, pero son detalles muy exactos, digamos que se le paró en un casual toqueteo.     

Capítulo 4: La pelirroja se sonroja


Es increíble lo que uno hace por no decir lo que siente. Desde beberse 19 tazas de café, estudiar sobre quien sabe qué cosa, cortar leña y salir corriendo hacia lo más profundo del bosque aledaño. Eso sería en resumen las últimas 8 horas del señor Weasley.

Pero no se desanimó, para nada. Aprendió atletismo, natación, se volvió muy hábil en algebra, matemáticas, ocultismo, escapismo, exhibicionismo, pirotecnia. Derrotó a Voldemort solo y lo revivió por si acaso eso pudiese alterar la continuidad espacio-comercial del mundo que vivían. Aprovechó de matar a Kennedy (pues viajó en el tiempo), mató a Tolkien (eso no es cierto… creo) y conoció a Madonna. Pero no le dijo nada a Granger.

Enojado consigo mismo fue y le dijo sin cortes “¡hisbfibscibs!”, cogió más fuerza y coherencia: “YO telubebobimimomemoamimumomamimo AMO”. La abrazó y la besó con mucho amor. Apasionadamente se toquetearon y correspondieron su amor a vista y paciencia de todos los espectadores, se miraron y supieron que su amor era verdadero. Ron se encaminó a paso acelerado hacia los cuartos de Griffindor para declararse dejando atrás a una excitada vaquilla de práctica. El pobre rumiante lo miraba alejarse con pena y lloraba por dentro.

Azotó la puerta y demandó hablar con Hermione, pero tanto en Ravenclaw como en Slytherin le dijeron que se había equivocado de lugar, excepto los Haffelpuff, que se divirtieron un rato con él diciéndole que ya bajaba.

Cuando por fin dio con el lugar en donde él vivía, decidió ir a buscarla y encararla. Debo decir que al entrar causó un poco de conmoción, pero al hincarse y recitar cuanto poema picoso se sabía, todas lo miraron de otra forma: odio. Era un bonito martes y las chicas regresaban de entrenamiento, ver a un mocoso pelirrojo ingresar cuando todas están más que molestas, cansadas y desnudas del mundo: no era una buena forma de empezar un romance.

Capítulo 5: C’est la vie


Cuando volvió en sí, la chica de sus amores estaba sobre él, al parecer se había equivocado de lugar por última vez y había terminado en el cuarto de profesoras, cosa que lo traumaría de por vida.

La dulce risa de Hermione le alivió lo suficiente para robarle un beso y desmayarse nuevamente. La chica más lista de nueve generaciones de magos no tenía ni idea que significaba, le tocó la frente y la notó caliente, reviso su pulso y estaba acelerado. Supuso que estaba enfermo de gravedad, así que fue donde Hagrid a conseguir sanguijuelas.

El hombretón estaba dándole a algo que solía usar un anillo que decía J.R algo. Al explicarse, se inició un acalorado debate acerca de los sentimientos del pobre desgraciado que estaba postrado. Luego la chica, al ver como Hagrid no paraba de decir que era por el bien de la humanidad y la raza aria, le explicó que hablaba de Ron, a lo que Hagrid respondió con una sonrisa nerviosa bajando el brazo que constantemente mantenía levantado.

Cuando Ron despertó de nuevo, la niña ansiosa por aprender, lo estudiaba con mucha atención. Ninguno habló, ni había que decir nada, se miraron como si el reloj necesitara descansar en aquel lugar enfermo y mágico, pues como muchas cosas en aquella habitación, era un momento mágico para aquel par de jóvenes magos.

Fin

lunes, 3 de octubre de 2011

Ordenanza 329

Capítulo 1: Anótese

Dentro del mundo mágico el Ministerio de la Magia es una institución de alto poder y grandes letras, no sólo por la gran cantidad de grandes magos, archimagos, arzobispos y magos supremos, sino porque es la institución que está más arriba en la escala gubernamental. Pero no siempre fue así, había tiempos en donde ser médico era algo, donde las universidades eran todo un tema y había pruebas de selección con preuniversitarios, créditos con altos intereses y reincorporaciones por gracia… ¡ahhh! los buenos tiempos.

Como decía, el mundo mágico antes no era tan mágico, los tratados de libre comercio con el mundo muggle habían revolucionado a aquel universo. La introducción de reproductores mp3, lavadoras y otras bisuterías, habían devaluado los antiguos objetos de manufactura local, como era el caso del “bardo en la caja” o “los duendecillos come mugre”. La introducción de productos y materias primas fueron sólo uno de los cambios, la apertura para las cadenas de farmacias llevo a la quiebra al gremio de Herbolarias, teniendo algunas que embargar hasta sus propias verrugas para pagar los caros fertilizantes minerales, pues los antiguos guanos de Unicornio no correspondían a los tratados interdimensionales para la salud muggle (al parecer, los hábitos carnívoros de los equinos producía un cáncer en la oreja izquierda que podía llegar a producir sordera en el oído izquierdo).

La introducción de maquinarias de combustión interna y la perforación en busca de petróleo llevó a la muerte a un centenar de jóvenes jugadores de quidditch, muriendo ya sea asfixiados o enceguecidos se estrellaban contra todo, incluso hubo uno que se estrelló contra sí mismo, luego que se partiera por la mitad al toparse con un objeto filoso.

¡Algo debía hacerse!

Capítulo 2: Fírmese


Se llamó a reunión del Consejo De a Pares (r.C.D.P), pero no llego nadie. Se llamó entonces a Asamblea General del Consejo de a Pares y Gremios Asociados (A.G.C.P.G.A), pero justo ese día la bencina iba a subir y no llegaron. Desesperados llamaron a una Asamblea General Extraordinaria del Consejo de Pares y Gremios Asociados (A.G.E.C.P.G.A), pero tampoco asistieron, ya que muchos pensaban que se tocaría lo de la reunión anterior y les dio flojera.

Luego de muchas siglas, que cuesta ya ordenarlas y menos escribirlas, se reunieron en un pomposo bar.

Se resolvió que para salvar a la sociedad tal y como la conocían, aunque algunos sociólogos presentes preguntaron si realmente la conocían (debate que tomo muchas cervezas para resolverse)  y luego un antropólogo lanzó una encuesta para ver que se seguirían sirviendo, se debía tomar una medida radical, así que con unos tequilazos con orejas de troll y esencia de limón la cosa andaría mejor, anoto el antropólogo en su pequeña libreta.

Y fue durante un acalorado debate, pues el bar no poseía ventanas y la ventilación no servía, que nació la ordenanza 329. La ordenanza dictamina:

“Se declara que todo lo mágico ha de prevalecer sobre lo no-mágico”

Los presentes agotados ante tamaño esfuerzo, firmaron y se retiraron muy contentos del local que había cambiado al mundo, ahora sí, mágico para siempre. Pero estaban más contentos de poder respirar aire puro.

Capítulo 3: Promúlguese


Cuando uno saca una especie de ley u ordenanza se espera una cascada de reglones y especificaciones diciendo, por ejemplo, qué es mágico y qué no o de qué forma se debía prevalecer una cosa sobre otra.

El primer paso fue de consenso común, todo lo no-mágico debía ser quemado ¿por qué? Pues porque a los seres mágicos les encanta quemar cosas, de hecho es bien visto tener un pirómano en la familia o por último un deshollinador. Se comenzaron a alzar grandes columnas de humo de diferentes colores con todo lo importado del mundo muggle, inclusos algunos muggles.

Cuando la limpieza terminó, el mundo mágico brillaba de magia, pero la ordenanza seguía allí. Se llevaron a cabo quemas sin sentido: se quemaban las sillas de ruedas, los sombreros, los cuadernos, los libros de Rowling, los… bueno se quemaba de todo, sobre todo cuando hacía frío.

En Hogwarts se llegó al extremo, se quemaban compañeros porque sacaban mejores notas que otros, o se intentaba incinerar a los profesores al intentar hacer un examen sorpresa. Fue entonces Dumbledore quien dio la solución: Todo es mágico, so pena de hoguera.

Y así no más fue, todo resultaba mágico: los enfermos sanaban por magia, el dinero desaparecía por magia, se pasaban los cursos por magia y un largo etcétera… mágico.  

Capítulo 4: Rectifíquese


Tanto los Gremios como el Consejo de a Pares se dieron cuenta muy tarde de lo que se había hecho: habían entregado el mundo al Ministerio de Magia, a lo que el Ministerio, muy agradecido, envió a cada uno de los presentes una canasta de frutas… mágicas.

Así pues, se dio el paso de un gobierno Fascista, eran tiempos locos, a un gobierno… pues supongamos que menos Fascista. Y todos fueron mágicamente felices, excepto los miembros de aquel consejo funesto, que yacían muertos en sus casas por obra de unas frutas mágicas envenenadas (mágicamente).

jueves, 22 de septiembre de 2011

Las navidades de Voldemort

Capitulo 1: El fantasma de las navidades pasadas

Un embriagador olor cubría todo el mundo mágico, una fragancia que empañaba los lentes de las secretarias, ahogadas en sus cárceles de papel y tinta. Se camuflaba por los rincones más increíbles y dejaba boquiabierto, aunque sólo por algunos segundos, a los jóvenes que todavía sentían sus togas demasiado grandes y pesadas.

No era la primavera, ni tampoco el amor, era Pachuli número 4. Un elixir guardado bajo llave y candado, destilado de unas extrañas plantas para que las cabras se lo comiesen toda su vida, para que los pastores que comían cabras tuvieran hijos y disecarán los fetos. De esas vidas sin voz, un largo proceso de fermentación en gaitas irlandesas daban por fin las gotas intoxicadoras que cubrían la blanca corporeidad. No era el culo con talco de Potter, que se lo empolvaba pues el olor le recordaba a sus padres… y evitaba el odioso roce que le producía magulladuras (la mayoría por hongos). Era la cabeza de Lord Voldemort.

Lord Voldemort se había despertado muy temprano: se había dado un baño de sangre en su tina con sales marinas, luego secado con la toalla y se había puesto desodorante en spray, porque él no usaba en barra, la irritación lo hacía ver débil y el elfo no había podido comprarle uno suavecito. Había destapado su Pachuli número 4 y había abierto la ventana, no para compartir su olor con el mundo, sino porque se le había pasado la mano con la concentrada fragancia. 

Llamó a “17” para que le buscara su túnica navideña. “17” era su elfo doméstico quien no poseía nombre, pues el señor oscuro poseía muy mala memoria, de hecho era muy probable que hubiera habido varios 17 anteriores, muertos, sin lugar a dudas, por algún escape de ira de su amo o por diversión. El Elfo no pensaba mucho en eso, o en muchas otras cosas, que le hubieran salvado de más de algún bofetón, y se dedicó a buscar la túnica navideña: Una túnica negra con un pompón rojo y otro blanco, ambos del porte de una nuez,  en…. Alguna parte que seguro no se veía a simple vista ni tampoco en un revisión detallada.

Voldemort se desvistió y “17” le entregó la túnica, mientras un brillo imperceptible cruzaba los ojazos color negro “pasta de zapato” del elfo mágico hacia… lo que fuera que tenía Voldemort entre las piernas, pues de seguro era mágico sino hubiera tenido que ser cremado por orden del Ministerio de la Magia, asi que diremos que: el elfo quedo enmudecido por la presencia mágica del señor oscuro quien se alejó dando brincos y regresó de la misma manera, porque sólo se había desvestido y había dejado tirada su túnica.

Capitulo 2: El fantasma de las navidades presentes


Uno a uno los mortífagos fueron entrando al gran salón y dejaron sus regalos para el señor oscuro, mientras él los saludaba y ellos lo saludaban desde lejos, por que todavía apestaba a Pachuli número 4.

Un cóctel muy exquisito y luego una breve charla para saber de cómo habían estado todos, un pequeño brindis y bromas van, bromas vienen.

Bellatrix llego con un exquisito retraso, porque en realidad era bello, lo había hecho ella con mucho cariño, 45 minutos del más puro oro chileno. Venía vestida de forma exquisita (que no era de oro para la desilusión de algún gnomo): Un vestido bordado con los pelos de unos muggles albinos, teñidos en una fábrica textil de indochina con el más puro plomo, abrochado con los meniscos gangrenosos de prisioneros de guerra y con un lindo felpudo de cotones de vellos púbicos, regalo de un jaque mortífago. Un festín emocional.

La dama oscura saludo a su maestro con sus fogosos labios y le entrego su regalo envuelto con papel de lijar. Bellatrix usaba su perfume habitual: Semen de Caballo. Un exquisito aroma para ella y nada bueno para los demás, pues muy mortífagos serán, pero todo tiene un límite.

“17” sirvió la comida. Todos masticaban con presteza y se deleitaban de lo magnífico que le había quedado todo al señor oscuro, quien era un habido cocinero y que con la ayuda del elfo había generado otro delicioso banquete. Todos hablaban hasta por los codos, cuando las burbujas, del Vino Genérico año mil setecientos muy antiguo, se les subió a la cabeza.

Los juegos típicos de las navidades se dieron cita:

·         “¿quién soy?”, un juego en que imitaban a los personajes conocidos y adivinaban “tengo una cicatriz y soy huérfano”, cosas de esas.

·         “Persigue al muggle”: Soltaban un humano a correr mientras lo perseguían con fierros calientes.

·         “Imita a Harry” Que era el juego preferido de Voldemort

·         “Yo maté a Sirius Black” Que era el juego preferido de Bellatrix

·         “Sangre sucia” uno era sangre sucia y le iba traspasando la inmundicia a otro, mientras volvía a perseguir a otros.

·         Y otros muchos otros que seguro os imaginaréis…


Cerca de las 11, “17” trajo un hermoso pastel regalado por parte de los Weasley. Si bien, esta entrañable familia de magos preferiría ver empalado al sierpe hablante organizador, siempre mandaban una torta a todos sus conocidos y Voldemort no era la excepción. Él siempre les mandaba algún regalito de vuelta, una caja de bombones o algún libro escrito por Rowling… cosas de esas.

Capítulo 3: El fantasma de las navidades futuras


En aquella habitación iluminada por chillones papeles desgarrados, y oculta de las risas apagadas de una veneración etérea y falsa, el personaje maligno se sentaba en cuclillas en una posición que le era ajena y que jamás anhelo recordar en su subconciente. Se alzó silencioso hacia su escritorio, un viejo mueble regalado por un mortífago, cuyo nombre ni se acordaba. El inmueble con el sello de la escuela-castillo, el mismo donde se forjo como mago.

Allí se sentía más aislado, protegido de hecho, de todo lo que había logrado. Era una noche para no estar seguro, para recibir carbón y molestarse por ser malo. Pero helo allí, lleno de baratijas y presentes vacíos, para dar candela interminable a su agonía interior.

Cogió suavemente un sobre y una hoja:

“Sr. Potter,

Me sería muy grato que pasará las próximas festividades en mi mansión.

                                                           Lord Voldemort”

El abrazo frío como el hielo lo cogió, como siempre de sorpresa. Los suaves pecho de Bellatrix se posaron con ternura en la huesuda espalda y el beso fue una extensión cariñosa del mismo. Se cogieron y se llevaron como uno solo, abranzandose en un serpenteo interminable hacia la chimenea. Extasiados bajo la luz de un fuego recién prendido, realizaron su amor hasta la agonía del papiro, la carta estaba quemada y las navidades sólo eran espíritus exorcizados.

FIN



lunes, 19 de septiembre de 2011

Hafflepuff

Capitulo 1: Un hombre en el piso

Hacía frío en el mundo mágico, de hecho parecía otoño, pero más parecía invierno en aquellos meses de invierno. La nieve calaba los huesos de una forma mágica, pues todo era mágico en Hogwarts, los copos otrora de formas geométricamente complejas solían incluir mensajes como “Larga vida a Voldemort” o “Compre hoy y pague en 3 meses”, asi que no muchos se detenían a leerlos.

El invierno solía picar más duro en el viejo castillo escuela, más aún, en el piso de piedra. Muchos estudiantes se quejaban cuando los pies se quedaban pegados por la escarcha matutina, para ello Dumbledore convocaba las orgías invernales para darle más calor a la cosa. Lamentablemente el viejo mago era el único que llegaba, pero por lo menos él no pasaba frío.

El que más se quejaba era Alturius Coucul, un viejo mago maestre de los Hafflepuff en el arte de hacer absolutamente nada, aunque no era nada “nada” si es que le preguntaban a Alturius, pues según él “la vida es muy corta para andar caminando por ahí, caer y romperse el cuello terminando como algún fantasma”. Coucul era un dedicado a lo que hacía, 24/7 él se mantenía en el suelo, de hecho dejaba que lo limpiaran con la fregona y que algunos hasta lo usaran de asiento. Era un transgresor, un visionario.

Capítulo 2: El gusto por el arte


La vida era plana, para el viejo Hafflepuff, vista desde aquella mancha que recortaba el pasillo y que según Argus Filch, nunca saldrían por mucho que la meara (pues el meado mágico era muy efectivo para todo tipo de manchas, lo que explicaba el olor de Filch y su manía con los baños de damas).

La gente ya ni tomaba en cuenta al viejo mago, de hecho pasaba inadvertido, incluso muchos lo tomaban como un mueble más dentro del castillo y aquellos que pensaban que pudiera ser algo más que un simple viejo vago tirado a la mitad del pasillo, se guardaban sus comentarios por miedo a que fueran colgados por herejes. Para el estudiantado, allí había una banca mágica. Fírmese y promúlguese.

La vida como banca tampoco era mala que digamos, si bien sufría segregación por parte del resto del inmueble y jamás sería invitado al gremio de Utensilios, Muebles y Articulos Varios, podía comer de los almuerzos perdidos, escuchar los últimos chismes y vivir una vida que de otra forma… probablemente habría sido mucho mejor.

Coucul era además un viejo verde, gustaba de niños y niñas sin discreción, usaba sus manos con una velocidad abrumadoramente lenta para ingresar a las faldas de las niñas y juguetear alrededor de sus tiernas vaginas en una excitación paulatinamente lenta que nunca llegaba al orgasmo, pero que si excitaba en gran medida. Así mismo, muchos jóvenes se tendían sobre la banca mientras las manos echaban raíces sobre los niños haciéndolos llegar casi a la eyaculación. Muchos llegaban a clase con el corazón acelerado, la entrepierna jugosa y las mejillas coloradas. Muchos terminaban en algún sesión de sexo rápido o se masturbaban con alguna varita, sintiendo como la magia extendía sus tentáculos mágicos sobre los órganos palpitantes, pues si bien las varitas se ven muy dignas y recatadas, el sexo las vuelve locas.

Muchos profesores opinaban que estos comportamientos obsesivos, obscenos, ob-algo eran productos de las hormonas… claro que callaban y se guardaban sus comentarios ante la posible presencia de algún inquisidor del ministerio de magia.

Pero de todos ellos, muchos más volvían y el viejo que es ampliamente ignorado, era un éxito como mueble sexual.

Capitulo 3: El día que se levanto


 Un buen día,  Alturius sintió la simpática necesidad levantarse. Al hacerlo gran parte de su ropa se desgarró y rompió quedando en la práctica desnudo, pero en la teoría en andrajos. Caminó ampliamente por el castillo viendo como había cambiado con los años: absolutamente en nada, seguía siendo la misma fortaleza creada por Rowling hacia tantos libros atrás.

Decepcionado y con frío en la espalda volvió a su lugar de origen, pero allí se encontraba otro Hafflepuff tendido. Indignado, fue en busca de la jefa de casa para que restituyera el orden y las buenas costumbres.

Cuando aquel intento de hombre ingreso semidesnudo (un término que hacia las pases entre la teoría y práctica, aunque con todo lo que se había movido la práctica llevaba la delantera) la jefa del momento le indico que se mantuviera en calma y que el problema iba a sancionarse pronto, claro que si le hubieran dicho que el problema era él y que la solución iba a dejar un bonito color en su culo… probablemente no hubiera hecho nada.

Capitulo 4: Los últimos días de Alturius


Desalojado del mundo mágico, hoy Alturius usa sus habilidades para el bien y se ha planteado un viaje por todo el mundo. Claro que en el mundo muggle esto ha sido muy difícil pues la gente no cree en muebles mágicos y lo retienen las fuerzas del mal.

En Hogwarts, la gente ya no gusta de sentarse en el viejo banco del pasillo, lo encuentran incomodo y poco acogedor. Dumbledore le ha pedido a Filch que lo convierta en leña y que busque que hacer con aquel espacio.

Alturius preso en algún manicomio de Inglaterra mira el cielo desde el piso acolchado de la estancia y extraña sentirse helado, pero cálido por dentro.

FIN

sábado, 17 de septiembre de 2011

Harry

Capítulo 1: De cómo Harry se encontraba en el baño

Harry se encontraba solo en el baño de Hogwarts, como se encuentra una billetera en un barrio bajo. Deseado por todos, el pequeño miope sentía pánico al ingresar al cuarto con olor a limón, que obviamente no era limón en sí, de hecho reflexionaba “durante toda mi vida debajo de la escalera, nunca vi un limón y sé cómo huele”. Harry le dolía la cabeza ante tamaña inflexión filosófica y el mareo vino más fuerte a él cuando sus pensamientos se elevaron a que diferenciaba el amarillo patito del amarillo limón. Desvanecido en medio del piso siempre húmedo, no sintió los pasos de su compañero al aproximarse… ni el vil hongo que escalaba su pie blanquito como el talco. Porque Harry tenía una obsesión con aquel polvo que recordaba a sus padres.

Capítulo 2: Draco aparece ante la sorpresa de todos


El aprendiz de mago se despertó ligeramente perdido, pues de estar completamente perdido seguro que no se despierta y termina en alguna otra parte, como una morgue por ejemplo. Su cuerpo, antes generosamente protegido más que cubierto, por aquella toalla de color… digamos verde para no confundir más a Harry… yacía sobre la mano de Draco Malfoy, aunque Potter encontraba que aquella mano o era muy pequeña o sufría alguna mal formación pues sólo tenía un dedo, que en ese momento se veía bastante grueso.

Draco se lució con sus conocimientos avanzados de la clase de pociones y ungüentos, a los que su padre había invertido mucho tiempo, pero aún más mucho esfuerzo. Draco acaricio el cuerpo de Harry como se acaricia a un estudiante desnudo, maniatado, con generosas cantidades de quien sabe qué entre sus piernas y con una severa confusión sobre el color del pelo de Malfoy. 

Capitulo 3: Dudas y cosquillas


El dedo toco las estrechas cavidades del “niño que sobrevivió” abriéndose la abertura como una sensible boca, tímida al beso eterno de la latente falange que no tuvo mucha paciencia a que le dieran permiso. Hacía frío y ella estaba mojada (la falange).

En un oscuro rincón de Harry todo era paz y armonía, en otro vivía Voldemort como un parasito vivo y en uno más grande, la excitación de sentir al otro joven penetrarlo como si fuera una sandía vacía le llenaba de goce y pronto sintió como su cuerpo se soltaba a la frigidez de primera instancia.

Más allá de Hogwarts, donde reside escondido “quien no debe ser nombrado” Bellatrix lo miraba como este la había apartado brevemente de su varita. El señor oscuro tenía la mente en otro lado mientras tocaba su bajo vientre y sobaba donde no pega el sol (que en este caso era casi todo su cuerpo, por que siendo el señor oscuro no era muy propenso a salir a tomar el sol, menos si la mayor parte del mundo lo quería muerto). Bellatrix sintió la turbación o perturbación en la magia del instrumento de su maestro y aventuro una pregunta que sonó como “mdokasmdkam” a lo que su señor le dijo “Dime Sirius Black”.

Harry repitió la pregunta mientras una poderosa magia del increíble mago Newton lo hacía dormir, otros habrían dicho que Draco simplemente lo dejo inconsciente de un garrotazo… pero eso sería poco mágico y habrían sido quemados por herejes.

Capitulo 4: Harry es llevado ante Dumbledore


Dumbledore había visto muchas cosas en su vida, que si sumamos los dos ojos, pues necesitarías el doble de vidas para verlo todo, aunque como usaba gafas de seguro que la mayoría ni siquiera se habría dado cuenta de que eran o sólo las distinguió como manchas disformes con cosas como “duele si chocas contra ella” o “mi mano se quemará si la toco”.

Dos manchas estaban sentadas allí, una muy molesta que vociferaba cosas sobre abusos y sexo a lo que el rector demostraba mucho sorpresa mientras sus ojos se desviaban a una cajonera lejana y escondida, que seguro sería quemada prontamente. La mancha más pequeña explicaba una situación que obligo a sentarse al sumo profesor, porque de haber seguido parado hubiera sido un poco embarazoso.

Escuchado todo o parte de todo, pues parecía que el viejo mago se quedó dormido muchas veces en el proceso había captado muchas cosas o pocas… dependiendo del punto de vista que en este punto, como en muchas comas, no era muy claro: “Harry había ingresado al baño persiguiendo un pato y al encontrarse un limón había caído de culo sobre el dedo de alguien cayendo inconsciente”.

Capitulo 5: Ordenanzas


Hoy se lee en el mural del colegio “Se prohíbe el ingreso de limones a los baños”, “Mantenga sus mascotas siempre vigiladas” y “No quitar los carteles”.

Ninguna obligaba a Draco a no reírse, ninguna podía quitarle al joven la erección del recuerdo, no había allí ninguna que atará su mano para que no fuera en busca del culo o el bulto de Harry.

En verdad había muchas ordenanzas contra ella, pero Draco se las pasaba por el culo… de Harry.     

FIN.