sábado, 4 de febrero de 2012

Ein natur mensch

Capitulo 1: La tarde

Un par de monedas en mi bolsillo, sudor en mis manos y hambre donde debería estar mi estómago. Las manos ardientes, el sexo dormido y el corazón transpirando agotado, por una frente quemada a más no poder.

Mis pies con mente propia dirigiendo sus pasos hacia el bar, donde seguramente están los demás jornaleros. En el camino me encuentro con Harald y Ulf que van al teatro, en algún momento se convierte en vamos al teatro, con una pequeña bota de vino y un queso fresco.

“Theater an der Wien” me dicen. Lo mejor para una noche aburrida me reclaman. Cuando me siento en la banca y el bullicio me envuelve, observo mis manos quebradas por el azadón y pienso en mi pobre mujer esperándome. Yo sólo quería una cerveza y unas risas para llevar a casa.

Capitulo 2: El atardecer

¿Qué es este tugurio al que me han traído? Un techo absurdamente alto, bancas por doquier y la gente a rededor mío hablando como una chiquillada. Las paredes pintadas con colores vivos y otros escondidos en sus ventanas de muro. Así debe sentirse dios o el rey, siempre arriba divirtiéndose, manteniendo su pueblo contento con las guerras que organiza ¡haber si la corona pesa menos sentándose donde pega el sol!. Mejor morderse el labio y evitarse terminar en el calabozo o en algo peor.

Pronto un desfile de horribles artefactos se presentan por mi frente: tubos retorcidos, cajas con lienzas hacia sus extremos, palos huecos llenos de clavos. Invoco la cruz en mi pecho y lamento haber llegado a tan extraño habitáculo.

Cojo mis cosas e intento largarme. Mis compañeros intentan calmarme y me dicen que disfrute el espectáculo, pero no hay nada que quiera saber de esta extraña caverna, quiero mi casa y dormir para olvidar este confuso sitio. Me levanto decidido y un estruendo me corta el paso emergiendo de un agujero más adelante… luego otro y un tercero. Las diabólicas entrañas me hacen desistir y espero que todo salga bien.   

Capitulo 3: La noche

La obra comienza y el estruendo se convierte en música. La Flauta Mágica me dicen ellos que se llama cuando me señalan un papel que no sé leer. Todo es tan bello y suave, todo es tan cierto que parece mentira ¿acaso no seré yo un hombre pájaro? Y yo que me facinaba con el canto de las aves de madrugada, con el sonar de las campanas o el canto del coro de la iglesia. Si la tierra que labro diera letras, si la fuerza con la que cosecho fuese pluma, entonces la palabra que busco seguro describiría lo que esto significa para mi vida.

¿Ya se acaba? ¿y el pobre Papageno? Ahhh… su Papagena por fin aparece. Que hermoso resultó todo al final ¿aplauden? ¡os digo que aplaudáis más fuerte! ¡hurra! ¡viva! Harald y Ulf se ríen de mí, mi alegría también se ríe de ellos.

Capitulo 4: El amanecer

La ciudad se hace pequeña mientras recorro su pequeña extensión con la cabeza ebria de felicidad. Avanzo a mi casa y entro llamando a Papagena, ¡weibchen!. Mi pobre mujer salta de miedo al verme tan extraño, la cojo por los hombros y le cuento lo que me ha sucedido: la música, los colores, la historia, todo. Me mira como un loco, como un demente alegre, coge mis labios y me besa con ternura “has encontrado una maravilla para ti, me alegro por ti”.

La desnudo lentamente y mis manos recorren su espalda en fugaces movimientos, la abrazo con el estruendo de mi cabeza. Mi cuerpo se amolda a los primeros sonidos de la obra, la penetro tres veces, una más fuerte que la anterior y luego me salgo. Nos abrazamos en un beso coordinado por la orquesta que repercute en el ritmo de mis entrañas, un baile de lenguas que pronto vuelve a llamar tres veces en fieras estocadas. Con el aliento en su cuello termino en su interior justo cuando la cortina abre para la función.

Recostados llevo mi cabeza a su pecho. Sabe que pronto he de partir de vuelta al campo, pero que este descanso hará que mi mente se refresque como si mil horas hubiesen pasado. Entre sus senos escucho a los tres genios guiándome hacia Morfeo. Su corazón también es parte de mi música y la noche aplaude hasta el amanecer.

Capitulo 5: La mañana

La jornada se hace larga esperando terminar con todo lo previsto. Cojo todo y corro hacia aquel teatro divino. Veo que está cerrado, en mí se siente que algo no anda bien. Pregunto al encargado más cercano acerca de cuando se podrá ver de nuevo la Flauta Mágica, me dice que no sabe, que el maestro Mozart ha muerto.

Me voy despacio hacia el bar, cojo una cerveza y un mendrugo de pan. Descanso sobre mi desilusión y veo como la tarde transita frente mío mientras tarareo las escurridizas melodías de lo que una vez fue mi mayor alegría. Me levanto y encamino hacia casa para contarle las malas nuevas a mi señora.

En medio de la luz de un farol se dibuja la figura de un ave proyectada del tamaño de un hombre, al girarme veo un cuervo y aprovecho el impulso para preguntarle ¿y quién mierda es ese Mozart que me ha dejado sin mi música?.

Fin

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