No son muchos los que pueden
despertarse en un castillo, menos los que pueden despertarse en un
castillo-escuela y muchos menos los que lo hacen por gusto. Weasley se las
sabía por libro, eso de despertarse con un frío que helaba hasta los recuerdos
de la mañana anterior, igual de fría.
Se intentaba despertar un poco
sacándose la escarcha de la nariz y comprobando que durante la noche no hubiera
perdido algún dedo por la congelación. Sin perder el tiempo también se tocaba
el pene. Un calorcillo interno se prendía en él rápidamente, pensando en Iliana
Macgrown, o sea pensando en los senos de Iliana. En ese preciso momento supo
irremediablemente que estaba enamorado de la señorita Granger.
Un poco turbado y con el miembro
muy perturbado, reflexionó en la ducha. Desde que conocía a su compañera
Griffindor no había oportunidad en la que su mente no estuviera pensando en
desnudarla y hacerle cosas que, vistas por los serios ojos de un mago adulto y
muy pervertido, serían bastante divertidas. Se preguntaba por ejemplo, sobre
cuántas piezas del ajedrez mágico “aguantaría” la sección privada de su amiga o
si se enojaría si se quitara la capa de invisibilidad cuando ella se estuviera
cambiando, como siempre la espiaba, a veces suponía que en una de esas le daba
lo mismo.
Pero era difícil saber todo eso
en la pequeña distancia entre la cama y la ducha, le tomó un par de desayunos
asumirlo… y las clases de pociones… y una explosión en dicha clase… y un
pelotazo mientras practicaba futbol con Harry, que vale decir que era futbol
mágico, como el Quidditch pero sin escobas, ni pelotas raras, ni gente volando.
Muchos dicen que es futbol normal, muchos que no siguen con nosotros culpados
por herejía.
Capítulo 2: Consejos
Al final Ron tuvo que admitirlo,
antes que destruyera y mutilara a todo el colegio. Le pidió consejo a Harry,
que siendo el protagonista debía saber mucho sobre amor: “Ron, ¿es que no lo
ves? ¡Hermione es un Horrocrux y debe ser destruido! Mira, aquí tengo una
estaca, voy por unas cabezas de ajo y luego…”. Ron lo tranquilizó diciéndole
que su amada no era tal y que no debería decir cosas sin sentido.
Sin mucho apoyo de su amigo, que últimamente
se dedicaba a intentar clavar a la gente, lo que a muchos profesores empezaba a
molestar, decidió ir a hablar con Dumbledore, de quien decían que era un amante
sin igual.
Cuando entras a una habitación,
esperas que ésta refleje ciertos aspectos de la personalidad y gustos de la
persona. Dumbledore, quien se rodeaba de cabezas de animales, de personas
disecadas y libros polvorientos, daba señal de ser un honorable hombre de
estudios vertido a la enseñanza. Nada más lejos de la verdad. “Ron, cuando ella
no te vea, pues le metes esta poción en la vagina y todo resuelto, quedará como
una lechona en celo, ¡palabra! ¿Que cómo lo lograrás? Pues le preguntas, “disculpa
preciosura, ¿te molestaría que te encajara esta garrafa de 5 litros bajo tu
falda, es por tu bien.”
Ron se alejó para pensar, en
realidad escapó del castillo muy asustado cuando Dumbledore le ofreció una
demostración de “cómo debe encajarse”. Al llegar a los linderos del bosque se
topó con su gran amigo, pues vaya si era grande, Hagrid. Como era usual, se
encontraba destripando algo, que en algún momento fue algo feliz que saltó y
jugó por las praderas, hoy era un enredo de tripas y cortes. Muchos se
preguntaban por qué lo que cazaba Hagrid usaba anillos o llevaba zapatos, pero
se lo preguntaban en voz muy pero muy baja y obviamente no cerca de él, digamos
por seguridad.
“Maese Weasley, muchos hemos
recorrido la senda que usted surca, mas no desesperéis en el intento. Recordad
las grandes tragedias del amor y siéntase libre de hacer y deshacer a gusto. Las
más recatadas son sólo caprichos para la lujuria, pero si no es eso lo que su
alma anhela entonces ha de pagar el precio de semejante durazno”. Ron lo
escuchó con la boca abierta, hasta que los mosquitos se hartaron de revolotear
por sus amígdalas, tardó un buen rato en procesar todo esto, otros dirían que
tardó algo así como 6 días, pero no yo… me cae bien Ron.
Capítulo 3: Manos a la obra
Se había decidido a conquistar a
su amada. Primero decidió intentar a través de la magia, lo que no era una gran
idea. Si hubiese meditado que dentro de su promoción Ron no era el más
brillante y que la chica, que sí sabía bastante, poseía amuletos y contra
hechizos hasta en los calzones, seguramente no lo hubiera intentado. Pero ese
no sería nuestro Ron ¿no?
Cuando intentó el hechizo del Ámame-con-dulzurius, la varita le
explotó en la cara. Luego, casi incendió el comedor intentando hacer que le
diera un beso con el Bésame-con-dulzurius
y ni hablar la cara que pusieron todos cuando invocó a cierta escritora con el Guiñame-con dulzurius.
Se sentía inútil, a lo que se
sentó a tomarse un cafecito cerca del fuego, mientras las suaves llamas del
“Manual de hechizos de amor de Archivaldo Dulzurius” le calentaban las patitas
y el culito.
Justo entonces la chica de sus
sueños entró y se sentó cerca de él.
Hablo de Hermione por si acaso.
Y pasó en verdad, no es que se lo
haya inventado o lo haya soñado por accidente, pues si fuese así hubiera
escrito “y entró la pelirroja, completamente desnuda con su pelo meciéndose al
viento envuelta en una orgásmica aura. Lo tomó por los pantalones y le pidió
que la dejara montar su escoba a ver si la hacía volar”. Vale decir que ya él
lo había soñado, pero no en ese momento. De hecho lo pensó 5 segundos después,
pero son detalles muy exactos, digamos que se le paró en un casual
toqueteo.
Capítulo 4: La pelirroja se sonroja
Es increíble lo que uno hace por
no decir lo que siente. Desde beberse 19 tazas de café, estudiar sobre quien
sabe qué cosa, cortar leña y salir corriendo hacia lo más profundo del bosque
aledaño. Eso sería en resumen las últimas 8 horas del señor Weasley.
Pero no se desanimó, para nada.
Aprendió atletismo, natación, se volvió muy hábil en algebra, matemáticas,
ocultismo, escapismo, exhibicionismo, pirotecnia. Derrotó a Voldemort solo y lo
revivió por si acaso eso pudiese alterar la continuidad espacio-comercial del
mundo que vivían. Aprovechó de matar a Kennedy (pues viajó en el tiempo), mató
a Tolkien (eso no es cierto… creo) y conoció a Madonna. Pero no le dijo nada a
Granger.
Enojado consigo mismo fue y le
dijo sin cortes “¡hisbfibscibs!”, cogió más fuerza y coherencia: “YO
telubebobimimomemoamimumomamimo AMO”. La abrazó y la besó con mucho amor. Apasionadamente
se toquetearon y correspondieron su amor a vista y paciencia de todos los espectadores,
se miraron y supieron que su amor era verdadero. Ron se encaminó a paso
acelerado hacia los cuartos de Griffindor para declararse dejando atrás a una
excitada vaquilla de práctica. El pobre rumiante lo miraba alejarse con pena y
lloraba por dentro.
Azotó la puerta y demandó hablar
con Hermione, pero tanto en Ravenclaw como en Slytherin le dijeron que se había
equivocado de lugar, excepto los Haffelpuff, que se divirtieron un rato con él
diciéndole que ya bajaba.
Cuando por fin dio con el lugar
en donde él vivía, decidió ir a buscarla y encararla. Debo decir que al entrar
causó un poco de conmoción, pero al hincarse y recitar cuanto poema picoso se
sabía, todas lo miraron de otra forma: odio. Era un bonito martes y las chicas
regresaban de entrenamiento, ver a un mocoso pelirrojo ingresar cuando todas
están más que molestas, cansadas y desnudas del mundo: no era una buena forma
de empezar un romance.
Capítulo 5: C’est la vie
Cuando volvió en sí, la chica de sus amores estaba sobre él,
al parecer se había equivocado de lugar por última vez y había terminado en el
cuarto de profesoras, cosa que lo traumaría de por vida.
La dulce risa de Hermione le
alivió lo suficiente para robarle un beso y desmayarse nuevamente. La chica más
lista de nueve generaciones de magos no tenía ni idea que significaba, le tocó
la frente y la notó caliente, reviso su pulso y estaba acelerado. Supuso que
estaba enfermo de gravedad, así que fue donde Hagrid a conseguir sanguijuelas.
El hombretón estaba dándole a algo
que solía usar un anillo que decía J.R algo. Al explicarse, se inició un
acalorado debate acerca de los sentimientos del pobre desgraciado que estaba
postrado. Luego la chica, al ver como Hagrid no paraba de decir que era por el
bien de la humanidad y la raza aria, le explicó que hablaba de Ron, a lo que
Hagrid respondió con una sonrisa nerviosa bajando el brazo que constantemente mantenía
levantado.
Cuando Ron despertó de nuevo, la
niña ansiosa por aprender, lo estudiaba con mucha atención. Ninguno habló, ni
había que decir nada, se miraron como si el reloj necesitara descansar en aquel
lugar enfermo y mágico, pues como muchas cosas en aquella habitación, era un
momento mágico para aquel par de jóvenes magos.