jueves, 22 de septiembre de 2011

Las navidades de Voldemort

Capitulo 1: El fantasma de las navidades pasadas

Un embriagador olor cubría todo el mundo mágico, una fragancia que empañaba los lentes de las secretarias, ahogadas en sus cárceles de papel y tinta. Se camuflaba por los rincones más increíbles y dejaba boquiabierto, aunque sólo por algunos segundos, a los jóvenes que todavía sentían sus togas demasiado grandes y pesadas.

No era la primavera, ni tampoco el amor, era Pachuli número 4. Un elixir guardado bajo llave y candado, destilado de unas extrañas plantas para que las cabras se lo comiesen toda su vida, para que los pastores que comían cabras tuvieran hijos y disecarán los fetos. De esas vidas sin voz, un largo proceso de fermentación en gaitas irlandesas daban por fin las gotas intoxicadoras que cubrían la blanca corporeidad. No era el culo con talco de Potter, que se lo empolvaba pues el olor le recordaba a sus padres… y evitaba el odioso roce que le producía magulladuras (la mayoría por hongos). Era la cabeza de Lord Voldemort.

Lord Voldemort se había despertado muy temprano: se había dado un baño de sangre en su tina con sales marinas, luego secado con la toalla y se había puesto desodorante en spray, porque él no usaba en barra, la irritación lo hacía ver débil y el elfo no había podido comprarle uno suavecito. Había destapado su Pachuli número 4 y había abierto la ventana, no para compartir su olor con el mundo, sino porque se le había pasado la mano con la concentrada fragancia. 

Llamó a “17” para que le buscara su túnica navideña. “17” era su elfo doméstico quien no poseía nombre, pues el señor oscuro poseía muy mala memoria, de hecho era muy probable que hubiera habido varios 17 anteriores, muertos, sin lugar a dudas, por algún escape de ira de su amo o por diversión. El Elfo no pensaba mucho en eso, o en muchas otras cosas, que le hubieran salvado de más de algún bofetón, y se dedicó a buscar la túnica navideña: Una túnica negra con un pompón rojo y otro blanco, ambos del porte de una nuez,  en…. Alguna parte que seguro no se veía a simple vista ni tampoco en un revisión detallada.

Voldemort se desvistió y “17” le entregó la túnica, mientras un brillo imperceptible cruzaba los ojazos color negro “pasta de zapato” del elfo mágico hacia… lo que fuera que tenía Voldemort entre las piernas, pues de seguro era mágico sino hubiera tenido que ser cremado por orden del Ministerio de la Magia, asi que diremos que: el elfo quedo enmudecido por la presencia mágica del señor oscuro quien se alejó dando brincos y regresó de la misma manera, porque sólo se había desvestido y había dejado tirada su túnica.

Capitulo 2: El fantasma de las navidades presentes


Uno a uno los mortífagos fueron entrando al gran salón y dejaron sus regalos para el señor oscuro, mientras él los saludaba y ellos lo saludaban desde lejos, por que todavía apestaba a Pachuli número 4.

Un cóctel muy exquisito y luego una breve charla para saber de cómo habían estado todos, un pequeño brindis y bromas van, bromas vienen.

Bellatrix llego con un exquisito retraso, porque en realidad era bello, lo había hecho ella con mucho cariño, 45 minutos del más puro oro chileno. Venía vestida de forma exquisita (que no era de oro para la desilusión de algún gnomo): Un vestido bordado con los pelos de unos muggles albinos, teñidos en una fábrica textil de indochina con el más puro plomo, abrochado con los meniscos gangrenosos de prisioneros de guerra y con un lindo felpudo de cotones de vellos púbicos, regalo de un jaque mortífago. Un festín emocional.

La dama oscura saludo a su maestro con sus fogosos labios y le entrego su regalo envuelto con papel de lijar. Bellatrix usaba su perfume habitual: Semen de Caballo. Un exquisito aroma para ella y nada bueno para los demás, pues muy mortífagos serán, pero todo tiene un límite.

“17” sirvió la comida. Todos masticaban con presteza y se deleitaban de lo magnífico que le había quedado todo al señor oscuro, quien era un habido cocinero y que con la ayuda del elfo había generado otro delicioso banquete. Todos hablaban hasta por los codos, cuando las burbujas, del Vino Genérico año mil setecientos muy antiguo, se les subió a la cabeza.

Los juegos típicos de las navidades se dieron cita:

·         “¿quién soy?”, un juego en que imitaban a los personajes conocidos y adivinaban “tengo una cicatriz y soy huérfano”, cosas de esas.

·         “Persigue al muggle”: Soltaban un humano a correr mientras lo perseguían con fierros calientes.

·         “Imita a Harry” Que era el juego preferido de Voldemort

·         “Yo maté a Sirius Black” Que era el juego preferido de Bellatrix

·         “Sangre sucia” uno era sangre sucia y le iba traspasando la inmundicia a otro, mientras volvía a perseguir a otros.

·         Y otros muchos otros que seguro os imaginaréis…


Cerca de las 11, “17” trajo un hermoso pastel regalado por parte de los Weasley. Si bien, esta entrañable familia de magos preferiría ver empalado al sierpe hablante organizador, siempre mandaban una torta a todos sus conocidos y Voldemort no era la excepción. Él siempre les mandaba algún regalito de vuelta, una caja de bombones o algún libro escrito por Rowling… cosas de esas.

Capítulo 3: El fantasma de las navidades futuras


En aquella habitación iluminada por chillones papeles desgarrados, y oculta de las risas apagadas de una veneración etérea y falsa, el personaje maligno se sentaba en cuclillas en una posición que le era ajena y que jamás anhelo recordar en su subconciente. Se alzó silencioso hacia su escritorio, un viejo mueble regalado por un mortífago, cuyo nombre ni se acordaba. El inmueble con el sello de la escuela-castillo, el mismo donde se forjo como mago.

Allí se sentía más aislado, protegido de hecho, de todo lo que había logrado. Era una noche para no estar seguro, para recibir carbón y molestarse por ser malo. Pero helo allí, lleno de baratijas y presentes vacíos, para dar candela interminable a su agonía interior.

Cogió suavemente un sobre y una hoja:

“Sr. Potter,

Me sería muy grato que pasará las próximas festividades en mi mansión.

                                                           Lord Voldemort”

El abrazo frío como el hielo lo cogió, como siempre de sorpresa. Los suaves pecho de Bellatrix se posaron con ternura en la huesuda espalda y el beso fue una extensión cariñosa del mismo. Se cogieron y se llevaron como uno solo, abranzandose en un serpenteo interminable hacia la chimenea. Extasiados bajo la luz de un fuego recién prendido, realizaron su amor hasta la agonía del papiro, la carta estaba quemada y las navidades sólo eran espíritus exorcizados.

FIN



lunes, 19 de septiembre de 2011

Hafflepuff

Capitulo 1: Un hombre en el piso

Hacía frío en el mundo mágico, de hecho parecía otoño, pero más parecía invierno en aquellos meses de invierno. La nieve calaba los huesos de una forma mágica, pues todo era mágico en Hogwarts, los copos otrora de formas geométricamente complejas solían incluir mensajes como “Larga vida a Voldemort” o “Compre hoy y pague en 3 meses”, asi que no muchos se detenían a leerlos.

El invierno solía picar más duro en el viejo castillo escuela, más aún, en el piso de piedra. Muchos estudiantes se quejaban cuando los pies se quedaban pegados por la escarcha matutina, para ello Dumbledore convocaba las orgías invernales para darle más calor a la cosa. Lamentablemente el viejo mago era el único que llegaba, pero por lo menos él no pasaba frío.

El que más se quejaba era Alturius Coucul, un viejo mago maestre de los Hafflepuff en el arte de hacer absolutamente nada, aunque no era nada “nada” si es que le preguntaban a Alturius, pues según él “la vida es muy corta para andar caminando por ahí, caer y romperse el cuello terminando como algún fantasma”. Coucul era un dedicado a lo que hacía, 24/7 él se mantenía en el suelo, de hecho dejaba que lo limpiaran con la fregona y que algunos hasta lo usaran de asiento. Era un transgresor, un visionario.

Capítulo 2: El gusto por el arte


La vida era plana, para el viejo Hafflepuff, vista desde aquella mancha que recortaba el pasillo y que según Argus Filch, nunca saldrían por mucho que la meara (pues el meado mágico era muy efectivo para todo tipo de manchas, lo que explicaba el olor de Filch y su manía con los baños de damas).

La gente ya ni tomaba en cuenta al viejo mago, de hecho pasaba inadvertido, incluso muchos lo tomaban como un mueble más dentro del castillo y aquellos que pensaban que pudiera ser algo más que un simple viejo vago tirado a la mitad del pasillo, se guardaban sus comentarios por miedo a que fueran colgados por herejes. Para el estudiantado, allí había una banca mágica. Fírmese y promúlguese.

La vida como banca tampoco era mala que digamos, si bien sufría segregación por parte del resto del inmueble y jamás sería invitado al gremio de Utensilios, Muebles y Articulos Varios, podía comer de los almuerzos perdidos, escuchar los últimos chismes y vivir una vida que de otra forma… probablemente habría sido mucho mejor.

Coucul era además un viejo verde, gustaba de niños y niñas sin discreción, usaba sus manos con una velocidad abrumadoramente lenta para ingresar a las faldas de las niñas y juguetear alrededor de sus tiernas vaginas en una excitación paulatinamente lenta que nunca llegaba al orgasmo, pero que si excitaba en gran medida. Así mismo, muchos jóvenes se tendían sobre la banca mientras las manos echaban raíces sobre los niños haciéndolos llegar casi a la eyaculación. Muchos llegaban a clase con el corazón acelerado, la entrepierna jugosa y las mejillas coloradas. Muchos terminaban en algún sesión de sexo rápido o se masturbaban con alguna varita, sintiendo como la magia extendía sus tentáculos mágicos sobre los órganos palpitantes, pues si bien las varitas se ven muy dignas y recatadas, el sexo las vuelve locas.

Muchos profesores opinaban que estos comportamientos obsesivos, obscenos, ob-algo eran productos de las hormonas… claro que callaban y se guardaban sus comentarios ante la posible presencia de algún inquisidor del ministerio de magia.

Pero de todos ellos, muchos más volvían y el viejo que es ampliamente ignorado, era un éxito como mueble sexual.

Capitulo 3: El día que se levanto


 Un buen día,  Alturius sintió la simpática necesidad levantarse. Al hacerlo gran parte de su ropa se desgarró y rompió quedando en la práctica desnudo, pero en la teoría en andrajos. Caminó ampliamente por el castillo viendo como había cambiado con los años: absolutamente en nada, seguía siendo la misma fortaleza creada por Rowling hacia tantos libros atrás.

Decepcionado y con frío en la espalda volvió a su lugar de origen, pero allí se encontraba otro Hafflepuff tendido. Indignado, fue en busca de la jefa de casa para que restituyera el orden y las buenas costumbres.

Cuando aquel intento de hombre ingreso semidesnudo (un término que hacia las pases entre la teoría y práctica, aunque con todo lo que se había movido la práctica llevaba la delantera) la jefa del momento le indico que se mantuviera en calma y que el problema iba a sancionarse pronto, claro que si le hubieran dicho que el problema era él y que la solución iba a dejar un bonito color en su culo… probablemente no hubiera hecho nada.

Capitulo 4: Los últimos días de Alturius


Desalojado del mundo mágico, hoy Alturius usa sus habilidades para el bien y se ha planteado un viaje por todo el mundo. Claro que en el mundo muggle esto ha sido muy difícil pues la gente no cree en muebles mágicos y lo retienen las fuerzas del mal.

En Hogwarts, la gente ya no gusta de sentarse en el viejo banco del pasillo, lo encuentran incomodo y poco acogedor. Dumbledore le ha pedido a Filch que lo convierta en leña y que busque que hacer con aquel espacio.

Alturius preso en algún manicomio de Inglaterra mira el cielo desde el piso acolchado de la estancia y extraña sentirse helado, pero cálido por dentro.

FIN

sábado, 17 de septiembre de 2011

Harry

Capítulo 1: De cómo Harry se encontraba en el baño

Harry se encontraba solo en el baño de Hogwarts, como se encuentra una billetera en un barrio bajo. Deseado por todos, el pequeño miope sentía pánico al ingresar al cuarto con olor a limón, que obviamente no era limón en sí, de hecho reflexionaba “durante toda mi vida debajo de la escalera, nunca vi un limón y sé cómo huele”. Harry le dolía la cabeza ante tamaña inflexión filosófica y el mareo vino más fuerte a él cuando sus pensamientos se elevaron a que diferenciaba el amarillo patito del amarillo limón. Desvanecido en medio del piso siempre húmedo, no sintió los pasos de su compañero al aproximarse… ni el vil hongo que escalaba su pie blanquito como el talco. Porque Harry tenía una obsesión con aquel polvo que recordaba a sus padres.

Capítulo 2: Draco aparece ante la sorpresa de todos


El aprendiz de mago se despertó ligeramente perdido, pues de estar completamente perdido seguro que no se despierta y termina en alguna otra parte, como una morgue por ejemplo. Su cuerpo, antes generosamente protegido más que cubierto, por aquella toalla de color… digamos verde para no confundir más a Harry… yacía sobre la mano de Draco Malfoy, aunque Potter encontraba que aquella mano o era muy pequeña o sufría alguna mal formación pues sólo tenía un dedo, que en ese momento se veía bastante grueso.

Draco se lució con sus conocimientos avanzados de la clase de pociones y ungüentos, a los que su padre había invertido mucho tiempo, pero aún más mucho esfuerzo. Draco acaricio el cuerpo de Harry como se acaricia a un estudiante desnudo, maniatado, con generosas cantidades de quien sabe qué entre sus piernas y con una severa confusión sobre el color del pelo de Malfoy. 

Capitulo 3: Dudas y cosquillas


El dedo toco las estrechas cavidades del “niño que sobrevivió” abriéndose la abertura como una sensible boca, tímida al beso eterno de la latente falange que no tuvo mucha paciencia a que le dieran permiso. Hacía frío y ella estaba mojada (la falange).

En un oscuro rincón de Harry todo era paz y armonía, en otro vivía Voldemort como un parasito vivo y en uno más grande, la excitación de sentir al otro joven penetrarlo como si fuera una sandía vacía le llenaba de goce y pronto sintió como su cuerpo se soltaba a la frigidez de primera instancia.

Más allá de Hogwarts, donde reside escondido “quien no debe ser nombrado” Bellatrix lo miraba como este la había apartado brevemente de su varita. El señor oscuro tenía la mente en otro lado mientras tocaba su bajo vientre y sobaba donde no pega el sol (que en este caso era casi todo su cuerpo, por que siendo el señor oscuro no era muy propenso a salir a tomar el sol, menos si la mayor parte del mundo lo quería muerto). Bellatrix sintió la turbación o perturbación en la magia del instrumento de su maestro y aventuro una pregunta que sonó como “mdokasmdkam” a lo que su señor le dijo “Dime Sirius Black”.

Harry repitió la pregunta mientras una poderosa magia del increíble mago Newton lo hacía dormir, otros habrían dicho que Draco simplemente lo dejo inconsciente de un garrotazo… pero eso sería poco mágico y habrían sido quemados por herejes.

Capitulo 4: Harry es llevado ante Dumbledore


Dumbledore había visto muchas cosas en su vida, que si sumamos los dos ojos, pues necesitarías el doble de vidas para verlo todo, aunque como usaba gafas de seguro que la mayoría ni siquiera se habría dado cuenta de que eran o sólo las distinguió como manchas disformes con cosas como “duele si chocas contra ella” o “mi mano se quemará si la toco”.

Dos manchas estaban sentadas allí, una muy molesta que vociferaba cosas sobre abusos y sexo a lo que el rector demostraba mucho sorpresa mientras sus ojos se desviaban a una cajonera lejana y escondida, que seguro sería quemada prontamente. La mancha más pequeña explicaba una situación que obligo a sentarse al sumo profesor, porque de haber seguido parado hubiera sido un poco embarazoso.

Escuchado todo o parte de todo, pues parecía que el viejo mago se quedó dormido muchas veces en el proceso había captado muchas cosas o pocas… dependiendo del punto de vista que en este punto, como en muchas comas, no era muy claro: “Harry había ingresado al baño persiguiendo un pato y al encontrarse un limón había caído de culo sobre el dedo de alguien cayendo inconsciente”.

Capitulo 5: Ordenanzas


Hoy se lee en el mural del colegio “Se prohíbe el ingreso de limones a los baños”, “Mantenga sus mascotas siempre vigiladas” y “No quitar los carteles”.

Ninguna obligaba a Draco a no reírse, ninguna podía quitarle al joven la erección del recuerdo, no había allí ninguna que atará su mano para que no fuera en busca del culo o el bulto de Harry.

En verdad había muchas ordenanzas contra ella, pero Draco se las pasaba por el culo… de Harry.     

FIN.